Las experiencias estresantes y amenazantes para la integridad física (accidentes, robos, violencia, enfermedades…); para la seguridad y la integración social (críticas, humillaciones, acoso, maltrato…); la pérdida de vínculos afectivos (rupturas, separaciones, pérdidas, duelos…) suelen provocar un impacto emocional y una desregulación a nivel cerebral, que desencadena reacciones emocionales defensivas con malestar, somatización o un cuadro de estrés postraumático, que es importante tratar adecuadamente para evitar sufrimiento y secuelas poco saludables y ayudar a recuperar la serenidad, el bienestar y la salud.